Atentado contra Isabel II




 El Primer atentado contra Isabel II

Martín Merino Gómez, el cura Merino, a los 65 años atentó contra la reina Isabel II el lunes 2 de febrero de 1852.  Durante la ceremonia se iba a celebrar la presentación de la recién nacida Princesa de Asturias Isabel “la Chata” en la Basílica de Atocha.

Atentado del cura Merino contra la reina Isabel II

Merino nació  en Arnedo de la Rioja en 1789 . En el momento del atentado vivía en Madrid en el Arco de Triunfo , antiguamente en el nº 2 del Callejón del Infierno. Martín Merino ejercía como cura y según su declaración solía decir sus misas en la iglesia de San Justo ( hoy Basílica de San Miguel)

Es importante no confundir a Martín Merino Gómez (Arnedo 1789 Madrid 1852 ), con Jerónimo Merino Cob (Burgos, 1769 – Alençon 1844 ) héroe nacional y guerrillero en la lucha contra los franceses durante la guerra de la Independencia.

 

Presentación de la hija de Isabel II

Hacía mes y medio que la Reina Isabel II había dado a luz a su hija Isabel y se disponía a asistirá a misa en la Iglesia de Atocha con objeto de presentar a la infanta y también con ánimo de agradecimiento por el buen parto que tuvo. El atentado tuvo lugar en el interior del Palacio .

A la una y cuarto, la Reina salía de la Capilla Real acompañada de la comitiva de políticos del gobierno y otras autoridades, ella tenía en brazos a la niña y cuando se dirigía a la escalera del palacio, fue cuando un eclesiástico aparece inclinándose reverentemente para ofrecerle un pergamino.

La Reina se sorprende y es el momento en que Martin Merino intento darle muerte con un puñal , comprado en el Rastro un años antes, que llevaba oculto en la sotana. La herida en el frontal del pecho, inicialmente parecía mortal de necesidad.

Basílica de san Miguel donde el cura merino solía decir sus misas

La Reina inmediatamente se desplomó cayendo de espaldas con la infanta entre los brazos. El coronel de alabarderos Manuel de Mencos alcanzó a recoger a la princesa recién nacida para protegerla, lo que le valió el título de marqués del Amparo, concedido el 2 de septiembre de ese mismo año. Isabel II en brazos de su comitiva fue trasladada rápidamente a sus habitaciones.

Durante el tránsito cesaron de oirse los gritos de ¡viva la Reina! . La Reina ya en su habitación sufrió un desmayo de unos 15 minutos. La puñalada no tuvo las consecuencias esperadas porque el corsé de la reina, su espesor y su duro material amortiguó lo que iba a ser una puñalada mortal.

 

Merino es detenido

El asesino fue conducido al cuarto del sargento de alabarderos, se le encontró la vaina del puñal debajo de la sotana y cosida a ella en el lado izquierdo. Esta prueba era definitiva y al no poder negarla, exclamó: “ pues bien, yo he sido” . El ayudante de alabarderos, Casini, procedió a tomarle la primera declaración.

El cura Merino fue juzgado inmediatamente y condenado a garrote vil. El proceso completo no duró ni una semana. El abogado presentó atenuante de enajenación mental y Merino dijo: “No necesito defensa porque mi delito no la tiene pero sabré morir con valor”.

Después de 10 día , la Reina Isabel quedó recuperada de la herida y finalmente la misa de presentación de la Princesa de Asturias pudo celebrarse el 18 de febrero en la Virgen de Atocha.

Declaraciones del Cura Merino

Preguntado si tenía cómplices contestó con la mayor desvergüenza: “Creéis que en España hay Cura Merinodos hombres como yo?”. Y dirigiéndose al Sargento de alabarderos exclamó cínicamente: “Siempre he creído que en España no había justicia y ahora me convenzo de ello al ver que aún estoy vivo”.

Uno de los nobles que allí estaba replicó: “Si yo hubiera estado al lado de S.M. no diría eso porque le hubiera hecho pedazos”. Y añadió Merino: “No hubiera hecho usted más que lo que dentro de poco hará el verdugo”.

Al registrarle hallaron cosida en la parte interior de la sotana una funda de badana que envolvía otra funda de acero donde había llevado el puñal.

El ayudante de alabarderos que acompañaba al escribano D. Luis Castillo, siguió tomándole declaración.

P : ¿Cómo se llama? R : Martín Merino Gómez, natural de Arnedo, de 63 años de edad.

Es fidelidad aguantar la infidelidad y el perjurio de los Reyes.

P : ¿Con qué objeto vino a Palacio? R : A lavar el oprobio de la Humanidad vengando la necia ignorancia de los que creen que es fidelidad aguantar la infidelidad y el perjurio de los Reyes.

P : Cuando se acercó a la Reina ¿cuál fue su objeto? Respuesta: Lo hice con el objeto de quitarle la vida.

P : ¿Hay otras personas en connivencia con Usted? R : Ninguna

P : ¿Qué destino tiene? R : Soy sacerdote ordenado 1813 y me hallo en la Corte hecho un saltamundos.

Pregunta: ¿Qué motivos ha tenido para atentar contra la vida de S.M. la Reina? ¿Tiene algún resentimiento contra ella? Respuesta: No, no es nada personal.

P : ¿Con quién ha entrado en Palacio? R : He entrado soloArmas utilizadas por el cura Merino para atentar contra la reina Isabel II

P : ¿Qué arma llevaba cuando trató de matar a S.M. la Reina? R : Un puñal

P : ¿El que tiene delante? R : Si

P : ¿Con qué objeto se hizo con este puñal y dónde se lo facilitaron? R : Lo compré en el Rastro hallándolo a propósito para matar al General Narváez, la Reina o la princesa cuando fuera mayor.

P : ¿Sabe si con su puñal ha muerto o ha herido a S.M. la Reina? R : Sabía que la he herido. Ignoro si morirá de la herida.

P : ¿Dónde vive? R : En el Arco del Triunfo nº 2, cuarto 2º. Hace diez años que estoy en Madrid.

P : ¿Tiene algo más que decir? R : No

Una vez que le fue leída esta declaración, se ratificó en ella y firmó con el escribano y el Sr. Fiscal en Madrid a 2 de febrero de 1852. Seguidamente fue trasladado en una a la prisión de El Saladero.

La Degradación Pública

Una vez confirmada la sentencia el 5 de febrero, tuvo lugar una ceremonia terrible: “la degradación del regicida de sus derechos sacerdotales”, el protocolo de la Iglesia le despojaba y anulaba todo lo que significara sacerdocio. El comisionado por el Arzobispo de Toledo, el obispo de Málaga Juan Nepomuceno Cascallana procedió a la degradación de Merino de sus órdenes eclesiásticas; fue despojado de su condición de presbíter, de diácono, de subdiácono y de tonsurado.

Cárcel del Saladero. Donde estuvo recluido el cura Merino

El proceso tuvo lugar en el interior de la cárcel.  Se colocó un altar con todos los elementos de la misa: crucifijo, misal, cáliz y candeleros. A D. Juan Nepomuceno le acompañaban numeras autoridades eclesiásticas, y los Gobernadores Civil y Militar de Madrid y otras personalidades. El Obispo presidia la solemne ceremonia vestido de rojo, con báculo , permanecía sentado de espaldas al altar y de cara al pueblo que seguía con interés la ceremonia desde la sala abarrotada e incluso desde el exterior de la cárcel.

Apareció el reo acompañado del Ministro de Justicia, el Juez y el Fiscal de la Causa que se harían cargo una vez terminada la ceremonia.  El Alcaide tenía preparada una mordaza y esposas. Era por si se rebelaba el reo. Merino iba  rodeado por dos granaderos que le tenían maniatado por la espalda. También  estaba sujeto con una cuerda en cada pie. Se pensaba que todas las precauciones eran pocas. Temían que pudiese hacer algo o que alguien viniese a ayudarle a escapar.

“Tiene usted que vestirse”

Tiene usted que vestirse , le dijeron señalando los ornamentos de la misa.

“¿Y cómo? Si estoy con las manos atadas.

Se las desataron. Comenzó a vestirse con calma, murmurando las oraciones que rezan los sacerdotes al revestirse. Uno de los ayudantes le puso el manípulo colocándoselo en el lado derecho. El le corrigió: “Es al lado izquierdo”. Luego le colocaron el amito y la estola que besó con respeto. Acabado de vestir le ordenaron arrodillarse, cosa que hizo ante el obispo.

El cura Merino camino del patíbulo

Después le entregaron el cáliz con vino y agua y la patena con la sagrada hostia. El prelado le quitó aquellas cosas diciendo:

“Te quitamos o te declaramos privado de la potestad de ofrecer a Dios sacrificio y celebrar la misa, tanto por los vivos como por los difuntos”. Luego le rayó con un cuchillo las yemas de los dedos al mismo tiempo que decía según la fórmula canónica:

“Por medio de esta rasura te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir que recibiste con las manos y los dedos”.

Luego le quitó la casulla, diciendo: “Con harta razón te despojamos de la vestidura sacerdotal que significa la caridad, ya que tú mismo te despojaste no sólo de la caridad, sino de toda inocencia”. Seguidamente le quitó la estola al tiempo que decía: “Pues cometiste la infamia de echar de ti la señal del Señor figurada en esta estola, te la quitamos haciéndote inhábil para ejercer tu oficio sacerdotal”.

Le quitaron la casulla

Cuando le quitaron la casulla, se le alborotaron los cabellos despeinándole. Con toda tranquilidad se los arregló. Seguidamente el obispo le cortó un poco del pelo de la nuca con unas tijeras para hacer desaparecer la tonsura. Luego se acercó un peluquero que acabó el trabajo. Merino le dijo: “Corte usted poco porque hace frío y no quiero resfriarme”.

El Obispo terminó el acto de la degradación diciendo: “Te arrojamos de la suerte del Señor, como hijo ingrato y borramos de tu cabeza la corona (tonsura), signo real del sacerdocio, a causa de la maldad de tu conducta”. Los sacerdotes que asistían al obispo acabaron de quitarle los vestidos clericales y le dejaron sólo con el pantalón y la chaqueta. Y dirigiéndose el Obispo al Juez y al Fiscal les dijo: “Pronunciamos que al que está presente despojado y degradado de todo orden y privilegio clerical, lo reciba en su fuero la curia secular”.

Seguidamente añadió: “Señor Juez, os rogamos con todo el afecto de que somos capaces, que por el amor de Dios, por los sentimientos de piedad y misericordia y por la intercesión de nuestras súplicas, no le castiguéis con peligro de muerte o mutilación de miembro”.

Todas estas palabras son textuales del ceremonial de la Iglesia. tras de lo cual, el Obispo se emocionó y lloró.

Alguien debió de preguntarle algo y Merino contestó: “Sólo quiero que me dejen en paz”.

La Ejecución de la Sentencia

El día 7 de febrero se cumplió la condena.  Cuando  Merino estaba en la capilla de la cárcel , en compañía de sacerdotes, se presentó el verdugo. Según la costumbre le pidió perdón por la muerte que le iba a dar.  Contestó Merino: “No hay nada que perdonar.  Va usted a ejecutar una sentencia que es justa. Por favor, hágalo lo más pronto posible.” Y llevándose la mano al cuello, exclamó mirando al verdugo: “Buen pescuezo ¿no es verdad?”.

Ejecución del cura Merino a garrote vil

 

Al medio día fue conducido al patíbulo del Campo de Guardias.   Viajó a lomos de un borrico desde la cárcel del Saladero.  Iba maniatado y vestido  con la capa amarilla de los ajusticiados manchada con sangre de cordero y birrete amarillo .

Al llegar al patíbulo, se detuvo, se reconcilió y recibió la absolución de uno de los sacerdotes. “Yo por mi parte estoy listo”, exclamó. El verdugo le puso la argolla al cuello. Merino manifestó que quería hablar: “Señores, voy a decir la verdad como la he dicho toda mi vida. No voy a decir nada ofensivo contra la Reina. El acto que he preparado, es un acto exclusivamente de mi voluntad. No tengo cómplices, y sépase que ninguna conspiración ha tenido connivencia ni conexión conmigo. He dicho”.

Su cuerpo fue incinerado

Tranquilo se sentó en el banquillo y mirando al verdugo dijo: “Cuando usted quiera”. Comenzó a rezar el Credo sin moverse. El verdugo dio la vuelta al fatal tornillo y el regicida quedó muerto instantáneamente.

El hecho fue presenciado por una gran concurrencia de público. Posteriormente su cuerpo fue incinerado en Cementerio General del Norte;y sus cenizas esparcidas en la fosa común del mismo. El puñal fue destruido, así como los objetos personales de Merino, entre ellos una pistola encontrada en su casa.

  • Incineración del Cura Merino después del garrote vil

Autoría Intelectual

Durante la investigación, se averiguó que el cura Merino contra quien quería atentar era contra Narváez. Pero circunstancia hicieron que  le pareció más viable atentar contra la vida de la reina.

Estando totalmente aclarada la autoría del atentado, hay versiones contradictorias en relación a la autoría intelectual. Algunas versiones apunta al duque de Montpensier que también parece que estuvo implicado en el asesinato de Prim. Su ambición por el trono de España, le llevó a participar en numerosas conspiraciones. Pero el cura Merino, declaró durante el juicio que actuó solo y que no tenía cómplices.

La idea del complot no era nueva. Se pensaba en esta posibilidad, regicidios y magnicidios.

El Real Decreto del 11 de Febrero

Deseando conservar la memoria del feliz natalicio de mi amada hija la Princesa de Asturias y de mi primera presentación a mi pueblo, después de las bondades que Dios me ha dispensado en estos días, vengo, de conformidad con lo propuesto por mi Consejo de a decretar lo siguiente:

Artículo 1º. Se procederá desde luego a edificar en el punto que se juzgue más a propósito en Madrid , o sus afueras, un hospital que llevará la denominación de Hospital de la Princesa.

Artículo 2º. En la fachada principal de este edifico se colocará una lápida que determine su nombre, y que además recuerde el nacimiento de la Princesa de Asturias.

Artículo 3º. Con este propósito se abrirá una suscripción pública módica a fin de que puedan contribuir a tan adoso objeto las personas de todas clases, cualquiera que sean sus medios y circunstancias   /……/

Artículo 6º. Terminada que fuese la suscripción , y en el caso de que su importe no cubra el coste total de la obra, se satisfará la diferencia por mi; y si por el contrario, la suscripción general excediese, se aplicará la mía particular a la creación de uno de los otros tres hospitales.

 

El Primer Atentado contra Isabel II

La Reina Isabel, también sufrió otro atentado, en esta ocasión fue 5 años antes , el 4 de mayo de 1847. Todo ocurrió cuando Isabel en un coche de caballos abierto llegaba a la Puerta del Sol. Cuando el coche llegó a la altura a de la Fonda Peninsular un abogado gallego le disparo dos veces.  Las balas parece ser que rozaron su sombrero.

El abogado se idéntificó como Ángel de la Riba que también era redactor del “Clamor público”. Consecuencia del juicio, de la Riba fue condenado a la pena de muerte. Posteriormente se le conmutó por veinte años de prisión. Pero gracias a una amnistía salió de la cárcel dos años después.